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Privilegio nº 25

Izquierda: pintura siria del siglo XVI representando el descenso de Alejandro Magno en una campana de buceo. Derecha: reconstrucción del sistema de abastacemiento de aire de la campana de buceo de Guglielmo de Lorena (1535)
Izquierda: pintura siria del siglo XVI representando el descenso de Alejandro Magno en una campana de buceo. Derecha: reconstrucción del sistema de abastacemiento de aire de la campana de buceo de Guglielmo de Lorena (1535)
Izquierda: campanas de buceo diseñadas por Girolamo da Treviso (primera mitad del siglo XVI). Derecha: campana de Giuseppe Bono (1582)
Izquierda: campanas de buceo diseñadas por Girolamo da Treviso (primera mitad del siglo XVI). Derecha: campana de Giuseppe Bono (1582)
Izquierda: campana de buceo de Jerónimo de Ayanz (1606). Derecha: campana de Franz Kessler (1616)
Izquierda: campana de buceo de Jerónimo de Ayanz (1606). Derecha: campana de Franz Kessler (1616)
Ilustraciones de Pesca de perlas y busca de galeones, manuscrito de Pedro de Ledesma (1623)
Ilustraciones de Pesca de perlas y busca de galeones, manuscrito de Pedro de Ledesma (1623)
Izquierda: campana de Andréu Ximénez (1655). Derecha: campana de buceo sueca (siglo XVII)
Izquierda: campana de Andréu Ximénez (1655). Derecha: campana de buceo sueca (siglo XVII)
Izquierda: campana de Edmund Halley (1691). Derecha: campana de Charles Spalding (1775)
Izquierda: campana de Edmund Halley (1691). Derecha: campana de Charles Spalding (1775)
Campana de Rennie en las obras del túnel del Támesis (1827)
Campana de Rennie en las obras del túnel del Támesis (1827)
Privilegio de invención nº 25 (campana de buceo de Gregorio Domínguez)
Privilegio de invención nº 25 (campana de buceo de Gregorio Domínguez)
Privilegio nº 25 (detalles). A la izquierda: la campana de buceo de Manuel Sánchez de la Campa. A la derecha: máquina para arriar y descender la campana
Privilegio nº 25 (detalles). A la izquierda: la campana de buceo de Manuel Sánchez de la Campa. A la derecha: máquina para arriar y descender la campana
Privilegio nº 25 (detalles): bomba de abastecimiento de aire inventada por Gregorio Domínguez para su campana de bucear
Privilegio nº 25 (detalles): bomba de abastecimiento de aire inventada por Gregorio Domínguez para su campana de bucear

Privilegio nº 25

Campana de buceo

La campana de buceo es un dispositivo empleado desde muy antiguo y con cierta eficacia para transportar personas a una cierta profundidad bajo el agua, con el propósito de reconocer los fondos de mares o ríos, obtener y aprovechar recursos subacuáticos (corales, perlas, crustáceos, moluscos), recuperar restos valiosos de naufragios, hacer obras en muelles y puentes o servir como medio de ataque o defensa contra naves enemigas.

Su funcionamiento se basa en un principio elemental de la física: la altura del agua en el interior de la campana es proporcional a la presión ejercida por el aire contenido en ella. Este principio es el mismo que permite respirar dentro de un bote dado la vuelta en el agua. La campana estaba construida en metal, para conseguir fácilmente la profundidad deseada, o en madera, lo que requería añadir una gran cantidad de lastre para que se pudiera hundir e igualmente un recubrimiento de cuero o brea con el que impermeabilizar el interior.

Las campanas de buceo eran transportadas por embarcaciones desde las que se sumergían e izaban a través de cuerdas y poleas, lo que permitía ubicarlas en un punto concreto del lecho subacuático, aunque también podían ser arrastradas horizontalmente por el fondo si este era plano y arenoso. El buceador debía sumergirse en el agua para entrar en la campana a través de su abertura inferior y una vez dentro respiraba el aire allí contenido, pudiendo observar el lecho marino y localizar los objetos de interés. Con el aire de la campana retenido en sus pulmones, el operario podía trabajar bajo el agua hasta que el oxígeno del habitáculo comenzara a agotarse. 

La primera referencia a una campana de buceo corresponde al filósofo griego Aristóteles (384-322 a. C.), en cuya obra Problemas aconsejaba a los buceadores que se sumergieran con un caldero vuelto boca abajo para poder respirar dentro de él. El propio Alejandro Magno (356-323 a. C.), discípulo de Aristóteles, parece ser que se inspiró en la idea de su maestro para hacer construir una campana de cristal y sumergirse dentro de ella para observar cómo progresaban sus buceadores en la limpieza de obstáculos del puerto de Tiro durante el asedio de dicha ciudad (332 a. C.). 

En 1535, el ingeniero italiano Francesco de Marchi (1504-1571) describió en su tratado Della Architectura militara la campana de buceo moderna, debida al también italiano Guglielmo de Lorena. Ambos la emplearon en una de las primeras actividades de arqueología subacuática de la historia: la recogida de objetos (madera, clavos, tubos de plomo, ladrillos) en una galera hundida a diez metros de profundidad en el lago Nemi (cerca de la Ciudad Eterna) y perteneciente al emperador romano Calígula (s. I d. C.).

El ingenio consistía en un barril redondo hecho en madera de roble, asegurado con aros de hierro y engrasado para hacerlo estanco. Se sujetaba mediante correas a la parte superior del buceador, cuyas manos quedaban libres para trabajar. Además, la campana llevaba una ventana de cristal en uno de los lados. El aire contenido era de unos 400 litros, suficiente para permanecer bajo el agua unos doce minutos. Sin embargo, la campana contaba con un sistema de abastecimiento y renovación del aire que permitía estar sumergido durante un máximo dos horas. De Marchi juró al inventor que no revelaría el secreto de este dispositivo, aunque seguramente consistía en una válvula de escape que dejaba salir el aire exhalado por el buceador dentro de la campana y mantenía la misma cantidad de aire dentro para evitar que el nivel del agua se elevara.

También por la misma época, el artista e ingeniero italiano Girolamo da Treviso (1508-1544) diseñó varios de estos aparatos de buceo (alguno de ellos cerrado). En 1538, el matemático alemán Johannes Taisnerius (1508-1562) inventó una campana de buceo en forma de tetera invertida, con plomo alrededor de su abertura para conseguir el equilibrio y unos tablones en su interior donde podían sentarse un par de buzos que llevaban una vela encendida con la que iluminarse. Para demostrar su funcionamiento, el artilugio fue puesto en práctica en el río Tajo a su paso por Toledo, ante la corte del emperador Carlos V y con la asistencia de diez mil personas, que pudieron comprobar con asombro cómo los buzos salían completamente secos portando la luz de la candela.

En 1570, Giuseppe Bono, inventor e ingeniero natural de Palermo (Sicilia), obtuvo un privilegio del Gran Duque de Toscana a favor de una campana de bucear con la que recoger coral en aguas del mar Tirreno. Posteriormente, en 1582, el rey español Felipe II le concedió un privilegio por diez años para el mismo invento, aunque con la intención de emplearlo en las Indias para la recolección de perlas (sobre todo en la isla venezolana de Margarita) y el rescate de tesoros de barcos hundidos.

Bono construyó una campana de madera con forma de orinal invertido, sin ningún respiradero, pero que al sumergirse quedaba un recinto de aire donde el buzo podía estar cierto tiempo. El aparato iba sujetado a la nave mediante cuerdas de gran grosor, pudiendo ser subido y bajado gracias a un torno. Asimismo, una piedra servía para regular la distancia de inmersión. La campana albergaba en su interior comida y ropa seca y solo tenía espacio para un buzo, requiriendo además del auxilio de otro buzo para gobernarla desde el exterior, por lo que ambos debían turnarse continuamente cada vez que el de fuera sentía ahogarse, razón por la que el trabajo no debía ser nada eficiente ni agradable.

Esta campana fue probada en Sevilla y Lisboa, logrando los buzos permanecer sumergidos un cuarto de hora, aunque con enormes dificultades, pues el aire se escapaba y el agua entraba en el aparato. Así que Bono construyó otro ejemplar en bronce y lo puso en práctica en la capital portuguesa con mejor resultado, ya que se logró rescatar seis anclas que obstruían el tráfico naval.

En 1597, el ingeniero florentino Buonaiuto Lorini (h. 1537-h. 1611) diseñó una campana de reducidas dimensiones con forma rectangular y realizada en madera con refuerzos metálicos que convenientemente lastrada permitía al buzo visualizar el fondo a través de unas ventanas rectangulares con cristales reforzados.

En 1606, el ingeniero navarro Jerónimo de Ayanz Beaumont (1553-1613) obtuvo un privilegio para un total de 48 inventos, entre los cuales se encontraba una campana de bucear. En su patente, Ayanz criticaba el invento de Bono por considerarlo doblemente fraudulento, no solo porque carecía de toda novedad, sino porque resultaba enormemente peligroso para los buzos al carecer de un método de renovación del aire. De hecho, Ayanz consiguió que el privilegio del italiano fuese anulado y le impusieran a éste una sanción.

La campana de Ayanz estaba hecha en madera y chapas de cobre, aunque también podía ser enteramente de bronce. Llevaba cuero en las uniones para garantizar la estanqueidad. La base de entrada se aumentó, lo que favorecía el acceso del buzo y la estabilidad del aparato. En la parte superior, había una ventana de cristal por la que el buzo podía ver. La campana iba reforzada con unas barras de hierro acabadas en pies para reposar en el suelo si fuese necesario, así como con una estructura metálica rematada con una anilla desde donde asir el aparato. Todo ello favorecía la inmersión de la campana y su resistencia a los vaivenes del agua. El ingenio podía ser subido y bajado por el propio buzo, gracias a unos pesos accionados por él mismo mediante un torno.

Con todo, la principal novedad de la campana de Ayanz era la renovación del aire gracias a unos fuelles que lo inyectaban en el interior desde la superficie y a través de unas tuberías. El buzo podía aspirar aire limpio dentro de la campana mediante una boquilla, pudiéndolo acomodar al ritmo de su respiración con el uso de unas válvulas de aspiración y de escape.

En 1616, el inventor alemán Franz Kessler (h. 1580-1650) diseñó una campana con la que un buzo podía caminar sobre el lecho subacuático, transportándola sobre sí mismo gracias a un arnés. Fabricada en madera o metal, la campana llevaba un lastre estabilizador e iba recubierta por una coraza de piel de vacuno convenientemente embadurnada con un aceite (compuesto de cera, trementina y grasa de venado) para que no saliera el aire ni entrara el agua. Además, la campana estaba provista de varias ventanillas estrelladas hechas en vidrio y situadas a la altura de la cabeza del buzo al objeto de favorecerle la observación del entorno. 

En 1623,  el español Pedro de Ledesma, secretario del Consejo de Indias, inventó una campana de buceo, entre otros dispositivos de rescate submarino, con la que se podía permancer de tres a cuatro horas debajo del agua, a fin de recuperar el importante cargamento de oro y plata en lingotes y monedas de los galeones “Nuestra Señora de Atocha” y “Santa Margarita”, hundidos el año anterior en los arrecifes de Florida a causa de un temporal. La campana de Ledesma fue utilizada en el rescate, aunque con resultados no demasiado satisfactorios. La importancia de este tesoro sumergido (solo recuperado parcialmente en 1985) provocó que la Corona contratara en 1626 al militar Francisco Núñez Melián (¿-1644), que había inventado en La Habana una campana de bronce que podía albergar a un buzo sentado y ser arrastrada desde la superficie por un barco de apoyo, de manera que el buzo podía reconocer el fondo marino apenas sin esfuerzo.  

En 1642, Edward Bendall construyó una campana de madera para recuperar el tesoro de un barco hundido en la bahía de Charlestown (Massachusetts). En 1655, el mecánico barcelonés Andréu Ximénez fue encargado por el virrey de Cataluña para que construyera una campana de buceo con la que recuperar lo que aún quedaba de la valiosa carga de monedas, lingotes de plata, vajillas y piedras preciosas procedente de dos galeones (uno holandés y otro genovés) naufragados cerca de la localidad gerundense de Cadaqués, para así evitar el expolio que los lugareños estaban haciendo sobre el pecio.

De cuatro metros altura por tres anchura, la campana de Ximénez estaba hecha en madera e iba reforzada con aros de hierro. Unas bolas del mismo metal colgaban alrededor de la abertura de la campana y garantizaban su verticalidad. Además, existía dentro un banco de madera en el que podían descansar dos buzos de manera alternada, hasta que uno de los dos tocaba una campanilla como señal de aviso para que, tras un par de horas de inmersión, les izaran a la superficie y el aire pudiera renovarse. El aparato iba suspendido del centro de una estructura de madera que descansaba a los lados sobre dos barcazas, desde las que se hacían las operaciones de ascenso y descenso de la campana a través de una cuerda, dos poleas y un torno. Los buzos recibían como salario diario o “mordida” todas las monedas que les cupieran en la boca. La campana de Ximénez pudo recuperar parte del tesoro, pero fue confiscada por los franceses cuando estos ocuparon Cadaqués.

Entre 1663 y 1665, el sueco Andrecht von Treileben y su socio alemán Andreas Peckell dirigieron un equipo de buceadores que emplearon una campana de buceo con la que pudieron recobrarse la mayor parte de los cañones del buque de guerra “Vasa”, hundido en el puerto de Estocolmo durante su viaje inaugural (1628). En 1688, el armador británico William Phips (1651-1695) localizó los restos del galeón español “Nuestra Señora de la Concepción”, hundido en aguas de la isla de Santo Domingo, y recuperó gracias al uso de una campana de buceo un tesoro de joyas y 30 toneladas de plata por valor de 200000 libras.

En 1689, el físico e inventor francés Denis Papin (1647-h. 1712) planteó que la presión y al aire fresco dentro de la campana de buceo podían mantenerse mediante una bomba o fuelles (algo ya propuesto por Ayanz). Papin diseñó un prototipo en forma de barril en el que el aire circulaba gracias a una bomba de aire centrífuga y dos tubos de cuero sostenidos en la superficie del agua por una vejiga flotante.

En 1691, el científico inglés Edmund Halley (1656-1724) inventó una campana de madera forrada de plomo convenientemente distribuido para facilitar la inmersión y evitar posibles vuelcos. El aparato tenía forma troncocónica y en su parte superior disponía de un cristal para facilitar el acceso de la luz al interior y así prescindir de velas que consumían oxígeno. En la parte inferior, había una plataforma separada un metro del acceso a la campana y suspendida de ésta por medio de tres cuerdas en cuyos respectivos extremos había un peso de unos 50 kilos que permitía fijarla al fondo.

No obstante, la principal innovación de la campana de Halley residía en el sistema de alimentación y renovación del aire (sugerido seguramente por la idea de Papin). Halley incluyó una válvula para purgar el aire viciado y un sistema de barriles con peso que eran enviados dentro del agua desde la superficie y estaban conectados a una manguera para reponer el aire fresco mientras la campana estaba sumergida. Los buzos podían incluso trabajar fuera de la campana utilizando un casco especial y un tubo que suministraba aire desde la campana. Halley y otras cinco personas pudieron sumergirse con la campana a una profundidad de 18 metros en el río Támesis, permaneciendo en él más de hora y media, lo que acabó por causar a Halley uno de los primeros casos detectados de barotraumatismo en el oído medio, consecuencia de la diferencia de presión.

El diseño de Halley (descubridor asimismo del famoso cometa que lleva su nombre) quedó fijado para este tipo de aparatos durante el siglo XVIII. En 1775, Charles Spalding (1738-1778), un pastelero escocés aficionado a la mecánica, perfeccionó la campana de Halley agregándola un sistema de contrapesos de equilibrio para facilitar la subida y bajada del artefacto desde el interior del mismo, así como una serie de cuerdas que servían para señalizarlo en superficie.

Spalding puso en práctica su invento (de unos 90 kilos de peso y con capacidad para dos buzos) con el objeto de recuperar la carga de un bergantín que había naufragado un año atrás y en el que había invertido su dinero. Aunque su intento resultó infructuoso, Spalding recibió en 1776 un premio en metálico a cargo de la Sociedad para el Fomento de las Artes, Manufacturas y Comercio de Londres, lo que le permitió fundar una compañía para utilizar su campana en operaciones de buceo y rescate de mercancías sumergidas. En 1783, Spalding y su sobrino fallecerían asfixiados dentro de la campana, durante las tareas de rescate de un barco hundido en la bahía de Dublín con una carga valorada en 150000 libras.

En 1788, el ingeniero británico John Smeaton (1724-1792) aplicó por primera vez una bomba manual para abastecer aire de manera prolongada a una campana de buceo de diseño rectangular (como un cofre) y hecha en hierro fundido. El sistema de suministro tenía una manguera y válvulas que impedían el retorno del aire cuando la bomba paraba. Smeaton empleó su campana (de 2,5 toneladas de peso y con capacidad para dos personas) en la reparación de los cimientos del puente Hexham sobre el río Tyne (Northumberland) y en las obras del rompeolas del puerto de Ramsgate (Kent).

A pesar de los serios problemas de descompresión que los buzos sufrían al salir a superficie provocándoles la apoplejía o la muerte, la campana de Smeaton permitió una estancia indefinida bajo el agua, especialmente para trabajos en obras civiles de puentes, puertos y dársenas, por lo que acabó estandarizándose en todos los países. En 1812, el ingeniero británico James Rennie (1761-1821) mejoró el sistema de suministro de aire hasta el punto que los buzos podían trabajar en el interior de la campana completamente secos e incluyó una válvula anti retorno hecha en cuero que impedía que el agua entrase si la manguera de aire se rompía. La campana de Rennie (de unos 1900 kilos de peso) tuvo un papel decisivo en las obras de reparación del túnel del Támesis, inundado en 1827 a los dos años de comenzar su construcción.

En 1828, Gregorio Domínguez Olmedo, un traficante de efectos navales y vecino de Cádiz, obtuvo el privilegio de invención nº 26 para la fabricación y venta en exclusiva durante diez años de una campana de buceo hecha en cobre con la que se podía trabajar ininterrumpidamente debajo del agua. Se trataba de una mejora de la campana por la que Manuel Sánchez de la Campa, buzo mayor de la Real Armada y suegro de Domínguez, había recibido un privilegio en 1799 para extraer con ella anclas y cañones hundidos en cualquier puerto español y entregar dichos objetos a la Corona, pudiendo quedarse el inventor cualquier otra cosa que se encontrara. Sánchez de la Campa vio reconocido sus derechos de propiedad sobre aquella invención tras haberlos reclamado a Pedro Ángel de Albizu, arquitecto mayor de la ciudad de Cádiz que había logrado por aquel mismo aparato un privilegio en 1793 con iguales condiciones que el buzo. 

La campana de Sánchez estaba construida con duelas de madera unidas mediante abrazaderas de hierro. Tenía forma troncocónica, con 1,20 metros de alto por 90 centímetros de ancho en la abertura inferior y 60 en la cabeza. Un solo hombre podía permanecer sumergido 15 minutos dentro de la campana, tardándose media hora en alzarla, renovar el aire y volverla a sumergir. Para conseguir estabilidad, la campana iba provista de un contrapeso de plomo en su boca, hecho de una sola pieza y con un peso de 1800 kilos. Se apoyaba en el fondo gracias a cuatro pies de madera de unos 20 centímetros de largo. Un cordel tirado por el buzo hacía las funciones de guía de aviso para que los tripulantes de superficie arriaran la campana, suspendida por cuatro maromas de cáñamo de casi 13 centímetros de grosor.

Por su parte, la campana de Domínguez era mucho más estanca, al ser enteramente en cobre y de mayor tamaño (1,67 metros de altura, 1,82 de ancho en la boca y 1,52 en la cabeza), lo que permitía albergar mayor cantidad de aire, trabajar dentro a un par de operarios y disponer de útiles y herramientas como cuerdas, sierras o palas. Además, en su parte superior, la campana contaba con una estructura abovedada con cuatro ventanales redondos para recibir luz, cada uno de 17 centímetros de diámetro y con un cristal de casi cuatro centímetros de grueso.

La hechura ovalada de la campana favorecía la comodidad de los buzos, que además podían sentarse en unos bancos desmontables y engarzados, pero también este diseño aumentaba la propia estabilidad y fijeza del aparato al posarse en la superficie subacuática sin producirse giro alguno, lo que permitía ser localizado por los buzos rápidamente en el transcurso de sus idas y venidas. El equilibrio también se afianzaba gracias a cuatro pies de hierro que eran corredizos y podían encogerse o alargarse hasta casi medio metro, según marcasen las condiciones del terreno o las necesidades del trabajo.

Colgada de cuatro maromas, respectivamente anudadas a una argolla de hierro, la campana estaba reforzada por cinco abrazaderas del mismo metal, compuestas de partes que se unían mediante tornillos. Otras dos argollas situadas en los extremos de la boca de la campana servían para amarrarla durante el descenso, a fin de evitar su abatimiento por las corrientes acuáticas y garantizar la exactitud de su fijación. Al igual que la máquina de Sánchez, la de Domínguez llevaba un contrapeso de plomo alrededor de la abertura, aunque no era de una sola pieza, sino que estaba formado por quince partes iguales de 35 cm de largo cada una por algo más de 20 de anchura, con un peso total de tres toneladas. Estas piezas iban unidas y aseguradas mediante pernos y abrazaderas de hierro. Todo ello permitía un más fácil manejo de la campana en superficie, ya que las piezas de plomo podían montarse y desmontarse en solo cinco minutos.

La máquina para subir y bajar la campana era de procedencia extranjera. Estaba formada por cinco ruedas dentadas de diferentes tamaños y bastaba la fuerza de dos hombres para hacerla funcionar, pudiendo elevar hasta diez toneladas de peso. Domínguez sopesó que la fuerza humana podía ser sustituida por una máquina de vapor, con el consiguiente ahorro de diez jornales diarios, razón por la que había mandado construir uno de estos aparatos en Cádiz. Los buzos recibían y subían objetos a través de una guía de conducción formada por dos cuerdas, que también servía para hacer sonar una campanilla con la que se comunicaban con la superficie.

La campana de buceo recibía aire a través de una manguera de cuero embetunado, de unos 25 metros de longitud y casi cuatro centímetros de diámetro, formada por seis tramos unidos consecutivamente por medio de abrazaderas de bronce. A unos veinte centímetros de la boca de la campana, la manguera se conectaba a un conducto de cobre (de cinco centímetros de diámetro por 1,37 metros de longitud) que se introducía en el interior. La máquina que abastecía aire desde la embarcación había sido inventada por el propio Domínguez y se trataba de una bomba de doble émbolo, impulsada manualmente mediante un balancín con la intervención de un par de tripulantes.

Aunque no hay constancia de que esta campana de buceo llegara a ponerse en práctica, Gregorio Domínguez se asoció con un vecino suyo, el militar y político Francisco de Paula Castro Gómez, para seguramente darla explotación comercial. En cualquier caso, esta invención nos ha dejado un espléndido plano a todo color que constituye una de las tantas joyas que alberga el Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas.

Autor y editor: Luis Fernando Blázquez Morales

Última edición: enero de 2018

BIBLIOGRAFÍA

BIBLIOGRAFÍA:
ELIAV, Joseph: Guglielmo’s Secret: The Enigma of the First Diving Bell Used in Underwater Archaeology; The International Journal for the History of Engineering & Technology, 85:1, 60-69; en: http://www.tandfonline.com/doi/full/10.1179/1758120614Z.00000000060
GARCÍA TAPIA, Nicolás:
- Patentes de invención españolas en el Siglo de Oro; OEPM, Madrid, 1994.
- Un inventor navarro: Jerónimo de Ayanz y Beaumont (1553-1613); Universidad Pública de Navarra, Pamplona, 2010.
IMÁGENES:
OEPM: privilegio nº 25
Archivo General de Indias: campana de bucear de Giuseppe Bono (http://pares.mcu.es/ParesBusquedas/servlets/Control_servlet?accion=4&txt_accion_origen=2&txt_id_desc_ud=20184)
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Alexander_the_Great_diving_NOAA.jpg (pintura siria del siglo XVI representando el descenso de Alejandro Magno en una campana de buceo)
http://www.ancient-origins.net/news-history-archaeology/oath-silence-protects-amazing-500-year-old-diving-bell-020295 (campana de Guglielmo de Lorena)
https://www.academia.edu/21694343/Francesco_de_Marchi_e_le_navi_di_Nemi_-_Della_Architettura_Militare_1599_ (campanas de Treviso)
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Franz_Kessler_Wasserharnisch_1616.gif (campana de Kessler)
https://blogcatedranaval.com/2013/01/07/los-inicios-de-la-busqueda-de-pecios/ (ilustraciones de Pesca de perlas y busca de galeones, manuscrito de Pedro de Ledesma)
http://toni-unmardehistorias.blogspot.com.es/2011/11/andreu-ximenez.html (campana de Andréu Ximénez)
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Diving_bell.jpg (campana sueca de bucear, siglo XVII)
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:T4-_d634_-_Fig._397_%E2%80%94_Cloche_de_Halley.png (campana de Halley)
https://en.wikipedia.org/wiki/File:Charles_Spalding_Diving_Bell,_The_Pictorial_Gallery_of_Arts,_London_Printing_and_Publishing,_1860.jpg (campana de Spalding)
http://www.sciencephoto.com/media/363461/view (campana de Rennie en las obras del túnel del Támesis)